La música en el embarazo

Música en el embarazo

 Fragmento de: INTRODUCCIÓN A LA MUSICOTERAPIA Y A LA MÚSICA EN PEDAGOGÍA

 Desde el momento de la concepción hasta el nacimiento, el niño se va formando en íntima unión con su madre. Y al crecer dentro de ella, madre e hijo no vibran en la misma frecuencia, son la misma frecuencia. 

Ante todo, quien debe decidir qué escuchar, cuando escucharlo y cómo escucharlo es, indudablemente la madre, cuyo estado emocional y efecto de las percepciones que recibe condicionan al ser que lleva en el vientre. 

Ya se ha comentado antes que la música más adecuada es, salvo excepciones, la que por afinidad nos atrae. Así que, lo importante no es tanto una música concreta, sino el efecto que nos hace lo que escuchamos. 

Ciertamente, durante el embarazo hay que evitar, en la medida de lo posible, ruidos y estilos musicales en los que se utilizan guitarras eléctricas distorsionadas, cambios bruscos de sonido y de ritmo, cacofonías, golpes de percusión constante y de volumen muy alto, batucadas y otras formaciones en las que puede haber gran número de percusionistas. Cuanto más bruscos, fuertes y constantes son los pulsos de la percusión, así como el tiempo de exposición auditiva, peor. Puesto que puede llegar a ser muy agresivo para el feto. 

Un amigo médico me contaba el caso de una profesora de aerobic que cuando quedó embarazada no dejó de dar clases durante buena parte de su embarazo. La música que utilizaba tenía una gran carga percusiva y el volumen con el que trabajaba era muy alto, como es costumbre en estos contextos. 

Cuando el niño nació, cada vez que escuchaba ese tipo de música manifestaba cuadros epilépticos. 

De la misma forma que en condiciones normales no se toman sustancias tóxicas durante el embarazo (alcohol, tabaco…), respecto al sonido debe ser igual, porque el efecto de ruidos y de músicas demasiado estridentes y/o machaconas pueden acarrear secuelas en el feto. 

La resonancia de las percusiones en el cuerpo de la futura madre alteran la paz que necesita el embrión, ya que está en un lugar aislado, oscuro y evolucionando poco a poco, durante meses, desde que el espermatozoide y el óvulo se funden en una sola entidad. Se nutre (de alimento físico, de emociones…) de una sola fuente, su madre. Y los contextos percusivos, sonidos fuertes y ruidos pueden convertirse en una agresión que altere ese proceso íntimo. 

A partir de las primeras semanas de embarazo el feto empieza a desarrollar su oído, pero hasta los cuatro meses y medio (+/-) no podemos decir que es funcional. 

Según investigaciones dirigidas por el Dr. Alfred Tomatis, hay un vínculo sonoro muy importante entre la madre y el feto; la propia voz que ésta emite. 

El equipo del Dr. Tomatis determinó que el sonido de la voz de la madre se pone en resonancia con la columna vertebral, a partir de la cual vibran los huesos de la cadera como una caja acústica y el sonido se transmite a través del líquido amniótico. 

Determinaron también que, a medida que el feto se va desarrollando, busca escuchar la voz de su madre colocando la cabeza en contacto con la pelvis. De esta forma el feto se orienta hacia la posición cefálica de salida. 

Además, según Tomatis, la voz de la madre, el volumen, la cadencia de sus palabras… contienen las estructuras lingüísticas sobre las cuales se acabará configurando, posteriormente en el niño, el lenguaje hablado. 

Esto, que es de una importancia capital, deja claro que la primera musicoterapia la vivimos a través de nuestra madre durante el embarazo y que va, incluso, más allá de la escucha en sí mismo puesto que, la resonancia de los huesos de la columna y de la pelvis, genera un masaje sensitivo que a nivel emocional es de gran importancia para la salud mental y física del feto. 

Por este motivo, toda mujer embarazada debe saber que su voz es la primera y mejor musicoterapia. Y hablarle, cantarle… recitarle poesía incluso creará un vínculo más profundo entre los dos y favorecerá su mejor desarrollo. 

Por otro lado, la música que la madre escuche en las primeras semanas de embarazo, más que influir sobre el feto directamente, influirá en su propio estado, que se transmitirá por extensión. Más adelante, a mitad de la gestación, los sonidos exteriores ya se oyen, por lo que la música, las voces de otras personas, los ruidos ambientales, etc. también serán escuchados por él. 

Durante los primeros meses 

En este periodo es cuando el niño más depende de la relación directa con su madre. Por lo que, sobre todo en una primera etapa, ella es clave en el estímulo de la música. 

¿Qué se puede hacer en ese momento? ¿Qué es lo más recomendable? Pues: 

  • Hablar al bebé con la mayor frecuencia posible, mirándole y acariciándole. Esa proyección sensitiva sonido/tacto tiene una gran importancia para su desarrollo. 
  • Mantener, también con la mayor frecuencia posible, al bebé abrazado, piel con piel si es posible y que pueda sentir los latidos del corazón de su madre, el murmullo de su organismo y el sonido de su voz resonando a través del cuerpo. 
  • Cantarle nanas con el volumen de voz bajo, que muchas veces pueden ser improvisadas, tarareando o con letras muy sencillas1. 
  • Susurrarle cuando va a dormir es de lo más sano, pero sin olvidar que el silencio, desde el contacto muy directo con la madre y el sonido de su respiración, también es musicoterapia. 
  • Cuando está dormido lo mejor es el silencio. Recordemos lo dicho anteriormente respecto a las horas de sueño. El sueño sin interferencias sonoras favorecerá su crecimiento, la asimilación de lo aprendido durante la vigilia y le ayudará a integrarse al mundo nuevo al que ha llegado. 

La delicadeza de las palabras influirá directamente sobre su sensibilidad y equilibrio emocional. Por eso, estas prácticas deben realizarse con la máxima consciencia de lo que se está haciendo. 

Todo ello será la tónica durante, más o menos, el primer año de vida. La evolución la irá marcando cada bebé, dependiendo siempre de su propio ritmo. 

 

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